Dios es amor

Ama al Señor tu Dios de todo corazon, y con toda tu alma y con todas tus fuerzas.

Jesús, el salvador de mi alma


Con mayor fuerza que en otros tiempos el hombre se afana por la búsqueda del llamado "bienestar" material y físico.
Es una era donde la vanidad y la ambición son moneda mas que corriente. Hasta en muchas denominaciones que se dicen cristianas se predica el: Tu puedes, Hoy es el tiempo. Cumple tus sueños. Ten fe que Dios da todo.
Mas todo referido al bien estar humano y lo que se ve o lo de éste siglo. Una prédica de lo simpático y lo que atrae.
Pero El nos pide que prediquemos el evangelio de salvación. El de santidad y vida eterna.Cristo dio su propia vida para darnos eternidad y gloria junto a Él.
Primero salvar nuestra alma.
Lo importante. Aquello que no se ve, pero trasciende.
Claro que con Él también Dios nos dará todas las cosas. Las que nos convengan (si estamos en gracia).
Busquemos a Dios, para que a la hora señalada El busque nuestra alma.

Lucas Capítulo 12
13 Le dijo uno de la multitud: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia. 14 Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor? 15 Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. 16 También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. 17 Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? 18 Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; 19 y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. 20 Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? 21 Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.

Detente, y considera las maravillas de Dios.

Ante esto también tiembla mi corazón, y salta de su lugar.

Oíd atentamente el estruendo de su voz, y el sonido que sale de su boca.

Debajo de todos los cielos lo dirige, y su luz hasta los fines de la tierra.

Después del estruendo ruge su voz, truena Él con la voz de su majestad; y aunque sea oída su voz, no los detiene.

Truena Dios maravillosamente con su voz; Él hace grandes cosas, que nosotros no entendemos.

Porque a la nieve dice: Desciende a la tierra; también a la llovizna, y al aguacero torrencial de su fortaleza.

Él sella la mano de todo hombre, para que los hombres todos reconozcan su obra.

Las bestias entran en su escondrijo, y se quedan en sus moradas.

Del sur viene el torbellino, y el frío de los vientos del norte.

Por el soplo de Dios se da el hielo, y el ancho de las aguas es confinado.

Regando también llega a disipar la densa nube, y con su luz esparce la niebla.

Asimismo por sus designios se revuelven las nubes en derredor, para hacer sobre la faz del mundo, en la tierra, lo que Él les mande.

Unas veces por azote, otras por causa de su tierra, otras por misericordia las hará venir.

Escucha esto, Job; Detente, y considera las maravillas de Dios.

¿Sabes tú cuándo Dios las pone en concierto, y hace resplandecer la luz de su nube?

¿Sabes tú las diferencias de las nubes, las maravillas del Perfecto en sabiduría?

¿Por qué están calientes tus ropas cuando Él aquieta la tierra con el viento del sur?

¿Extendiste tú con Él los cielos, firmes como un espejo sólido?

Muéstranos qué le hemos de decir; porque nosotros no podemos ordenar nuestras ideas a causa de las tinieblas.

¿Será preciso contarle cuando yo hablare? Por más que el hombre razone, quedará como abismado.

Y ahora no se puede mirar la luz esplendente en los cielos, luego que pasa el viento y los limpia,

viniendo de la parte del norte la dorada claridad. En Dios hay una majestad terrible.

Él es Todopoderoso, al cual no alcanzamos, grande en poder; y en juicio y en multitud de justicia no afligirá.

Lo temerán por tanto los hombres: Él no estima a ninguno que se cree ser sabio de corazón.
Job 37

La paz del Señor sea contigo

"La paz os dejo, mi paz os doy; no como el mundo la da, yo os la doy. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo."

 Dijo el Señor. Con autoridad y amor.

 El hombre, cualquiera sea el tiempo que viva anhela paz. Y el hombre ha tratado de buscar paz, muchos han trabajado y luchado por conseguirla. Pero todo lo que el hombre consiga es insuficiente en ese sentido. Esa paz de los hombres es la "no violencia", el "no conflicto", la "no guerra". Mas Cristo va mucho más allá. Solo el va mas allá en todo, pues todo en Él fue creado. Dice Jesús: La paz os dejo. La paz. No hay otra. El estado precioso en que un alma reposa confiadamente en los brazos de Su Señor y Dios. En los brazos de Su padre. La paz os dejo. Categóricamente expresado de los labios de quien tiene toda potestad. Y agrega: Mi paz os doy. Para que no queden dudas. Por si en nuestro entender ambiguo y poco profundo no alcanzamos a descifrar esa contundencia de la frase precedente, donde deja en claro que es la verdadera, única y anhelable paz la que nos deja por medio de Su Santo Espíritu, dice ésto. Mi paz. La paz de Jesucristo. La Paz que sobrepasa todo, como dice Pablo en su carta a los Filipenses 4:7. Esa paz que sobrepasa la mas terrible tempestad, la que apaga la duda y el temor, la que da seguridad de plena vida en El. Por eso la aclaración: No como el mundo la da. No como los líderes de ésta tierra corrupta que no tiene forma de alcanzar semejante plenitud en estado celestial. No hay forma de comparar una cosa con la otra, y solo quien ha podido experimentar el poder de la paz de Cristo en su vida puede comprenderlo.

Podrán arreciar tormentas, dolores, pérdidas, desilusiones, muertes -Todo lo que el hombre pasa-, pero si confiamos en El habrá paz en el alma. ¿Hay problemas? Si los hay. El mismo dijo que tendríamos aflicciones en el mundo, mas también aclaró: "Yo he vencido al mundo". El es todo poder, todo amor y consuelo. Por ello es menester para nuestro ser escucharle diciéndonos: "No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo." La gloria sea al Señor. Como tener miedo y turbarse, si el toma cuidado de nosotros. Si el nos consuela y sostiene. Si en El se sustentan todas las cosas. Si en Su abrazo hallamos descanso. Si en Su palabra hay vida. Si en su muerte está nuestra vida.

 Busque mi alma esa paz. Y la busque en el verdadero creador de esa paz. Jesús. El nos ama. Por ello nos habla así. Y en esa porción de Juan 14 nos habla de promesas gloriosas. Promesas fieles y verdaderas que nos llevan a ver las gloria venideras de los hijos amados de Dios. Esas mismas son poder en nuestras vidas. Un poder que nos asegura paz constante y nos lleva a sostener nuestra vida en lo que es realmente importante. Lo que no se ve. Lo que trasciende y es eterno. Dios te bendiga.

 Paz de nuestro Señor Jesucristo.